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Juan María Robles Febré

Nace en Huelva en 1918 de padre onubense y madre de ascendencia francesa e italiana (de ahí su segundo apellido). En el instituto La Rábida de su ciudad natal estudia el bachillerato y su profesor de Literatura le descubre la obra de Juan Ramón Jiménez. Termina el bachillerato con los Padres Agustinos de Calahorra (Logroño), época en la que compone sus primeros poemas y inicia la lectura de los clásicos, en especial de Fray Luis de León.

Durante la guerra civil es ayudante sanitario en la Facultad de Medicina de Cádiz, con la que sirve en varios diversos frentes de batalla. Tras la Guerra Civil, en 1939 decide hacerse religioso, e ingresa en el Noviciado de los Padres Claretianos en Jerez de los Caballeros (Badajoz) y, posteriormente, en Zafra (Badajoz) con el Teologado Máximo Internacional, donde comienza a publicar sus poemas en diversas revistas.

Finaliza sus estudios y es ordenado sacerdote en el seminario Diocesano de Badajoz en 1948, donde entra en contacto con poetas extremeños: Pedro Belloso, Francisco Sánchez, Francisco Cañamero… Luego en varios destinos atiende su labor pastoral y la alterna con la enseñanza (San Pedro de Mérida, Higuera de la Serena, Salvatierra de los Barros, Arroyo de San Serván y Badajoz, donde se instala, continúa con su labor docente en el Seminario Diocesano y la alterna con su tarea pastoral como capellán del asilo de ancianos, mientras es profesor de Religión en las Josefinas, de Literatura Universal en los Maristas y de Literatura y Latín en el colegio de los Hermanos Merino.

Robles Febré crea y mantiene varias revistas literarias, en las que realiza una labor encomiable difundiendo la poesía de numerosos poetas de Extremadura. Así, en 1948, fruto de sus contactos literarios, lanza en Mérida la revista de poesía sacerdotal Jaire, con Francisco Horrillo y el apoyo de Pedro Belloso, Francisco Sánchez y Francisco Cañamero. De Jaire aparecen tres números; dos en Madrid (ilustrados por Asensio Sáez) y el tercer y último número en Zafra.

Más adelante Robles Febré, cuando es párroco en Arroyo de San Serván, cofunda en Mérida la revista Olalla (1957), dirigida por Félix Valverde Grimaldi, en cuyo Consejo de Redacción figura junto a Santos Díaz Santillana, Carlos María Fernández Ruano y Rufino Félix. En Badajoz, funda también el grupo de acción cristiana Cristo Joven, cuando en 1969, fija su residencia en la capital, hasta su muerte en 2001.

Obra literaria

Juan María Robles Febré, según Ángel Sánchez Pascual, forma parte de un grupo de jóvenes emprendedores, en los que están Francisco Cañamero, Alberto Oliart y Pedro Lahorascala, que inician un movimiento poético creativo en Extremadura al margen de la cultura oficial, pues pretendían “salvar las fronteras provincianas, que no admitimos como fronteras de nuestra geografía literaria”[1]. Pero sufren una oposición desde el ámbito de la cultura oficial y se dispersan por motivos de estudio y de trabajo, la mayor parte se olvidan de la poesía y únicamente Lahorascala (Romería de horizontes, 1956. Canciones para ir a la tierra, 1964. Cancioncillas de Henares, 1995) y Robles (Poemas de las dos orillas, 1954. Badajoz también, 1988. Mientras el alba llega, 1993) siguen en el mundo literario.

Robles Febré es un poeta prolífico e íntimamente religioso, cuyo deseo es de alcanzar no solo la belleza divina sino también la terrena, pues también es un poeta preocupado por los males del mundo y los marginados, a los que dedica buena parte de sus energías.

Obra poética

  1. Poemas de las dos orillas, Editorial Ensayo, Madrid, 1954. Ilustraciones de Asensio Sáez.
  2. La llama y el aire, Institución cultural Pedro de Valencia, Badajoz, 1982. Ilustraciones de Juan Antonio Noriego.
  3. Ruta enamorada, Institución cultural Pedro de Valencia, Badajoz, 1982. Ilustraciones de Juan Antonio Noriego.
  4. Badajoz siempre, Aprosuba, Badajoz, 1982. Prólogo de Antonio Zoido. Ilustraciones de Juan Antonio Noriego.
  5. El hombre de la mosca en la frente, Colección el Toro de Barro, Carboneras de Guadazaón (CU), 1983. Retrato: Carlos de la Rica, Ilustraciones de Juan Antonio Noriego.
  6. El laberinto, Colección Álamo, n.º 65, Salamanca, 1984.
  7. Poemas del nodalismo, Colección Álamo, n.º 68, Salamanca, 1985.
  8. Semidiario de Flavio Sereno, Cuadernos Poéticos Kylix, n.º 1, Sevilla, 1986.
  9. La huida y el regreso, Poemarios Kylix, n.º 1, Mérida, 1987.
  10. Badajoz también, Excmo. Ayto. Badajoz, 1988. Fotografía: Manuel Vidarte,
  11. Duración del sigilo, Poemarios Kylix, n.º 2, Mérida, 1988. Ilustraciones de Juan A. Noriego. Epílogo: Jesús Delgado Valhondo.
  12. Badajoz siempre, (2ª edición renovada), Aprosuba 3, Badajoz, 1989. Fotografía: Manuel Vidarte.
  13. Argantonio decía, Calle Mayor, 8/9, 1989.
  14. Tienda en la duna, Hojas de poesía Kylix, n.º 1, Badajoz, 1990,
  15. Dulcísima armonía, Hojas de poesía Kylix, n.º 2, Badajoz, 1991.
  16. Fuente que mana y corre, Homenaje a San Juan de la Cruz en su IV Centenario, Bartolomé Gil Santacruz editor, Badajoz, 1991. Ilustraciones: Juan Antonio Noriego Higuera. Prólogo: Antonio Montero Moreno, obispo de Badajoz. Texto liminar Jesús Delgado Valhondo.
  17. Alta mira de gaviotas, Fondo Educación y Promoción Caja Rural de Extremadura, Badajoz, 1992. Ilustraciones Juan A. Noriego. Prólogo: Antonio Zoido.
  18. Mientras el alba llega. Antología poética (1954-1992), Bartolomé Gil Santacruz editor, Badajoz, 1993. Ilustraciones: Juan Antonio Noriego. Prólogo: Francisco López-Arza.
  19. Profundo centro, poemas místicos, Hojas de poesía Kylix, n.º 4, Badajoz, 1994,
  20. Cántico universal, Menfis editores, Badajoz, 1995.
  21. Dios escondido, Hojas de poesía Uziel, n.º 1, Badajoz, 1998.
  22. Más leve que el aire (poemas a San Pedro de Alcántara en su V centenario), Bartolomé Gil Santacruz editor, Badajoz, 1999. Prólogo: Manuel Grillo Chávez. Ilustraciones: Miguel Pérez Reviriego.

Además, Robles Febré cuenta con una considerable obra en prosa, formada por artículos de crítica literaria y de opinión en general, que ha ido publicando en diversos periódicos regionales desde los años 60. Sin embargo, su gran obra de gestión cultural va a ser la fundación de la editorial Kylix en 1986, cuya vida se prolonga hasta el fallecimiento de Robles en 2001.

Editorial Kylix

Esta editorial es ideada y desarrollada por el inquieto sacerdote Juan María Robles Febré, que abre sus Colecciones con una obra propia. Cuenta con el apoyo del Consejo de lectura, compuesto por Jesús Delgado Valhondo, Sánchez Pascual y Álvarez Buiza.

Es la primera editorial poética por suscripción en Extremadura (llegó a contar con 350 suscriptores). Se diversifica en cuatro colecciones: Cuadernos Poéticos Kylix, de aparición trimestral, que alcanza los 41 números (1996), fundados en 1986 con el beneplácito de Jesús Delgado Valhondo, que firma el 2º poemario, Ruiseñor perdido en el lenguaje, y Robles el primero, Semidiario de Flavio Sereno. Ambas ediciones de 250 ejemplares numerados los subvenciona Bartolomé Gil Santacruz, así como la colección completa. A Valhondo se le dedica el número 29 en homenaje, después de su muerte en 1993).

Además, están los Poemarios Kylix, cuyos 13 títulos se editan sin temporalidad fija, Hojas poéticas Kylix, que es una serie que alcanza los siete números, a la que suceden las Hojas poéticas Uziel (siete números editados, tirada 250 ejemplares, 1998), con otros tantos títulos; Robles edita en el primer número Dios escondido. También aparece la exigua colección de Pensamiento Kylix con un solo número, lo que indica la línea exclusivamente poética, que llegó a significar la editorial Kylix en el espacio extremeño.

La editorial Kylix supone un hito ya sea por su contribución a crear y consolidar el circuito poético extremeño durante los años 90 como por hacer confluir un grupo heterogéneo de poetas, unos consolidados, otros noveles, que luego han sabido adoptar una voz propia dentro del panorama literario extremeño y nacional. Desde este punto de vista, Juan María Robles Febré fue el aglutinador de las inquietudes de muchos autores, que confiaron en él como plataforma de sus creaciones.

Poética

El clasicismo impregna toda la obra de este poeta onubense afincado en Badajoz tanto en forma como en planteamiento, ya que la diferencia temporal entre su primer poemario y el siguiente hay un lapso de prácticamente treinta años, que se corresponde significativamente a sus años de itinerancia sacerdotal culminadas en Badajoz en los 80, cuando las condiciones de su vida se va relajando y le permiten dedicarse por entero a la literatura. La misma vida contemplativa que preconizaban en sus poemas sus grandes referencias: San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús y Juan Ramón Jiménez (en cuya última etapa igualmente sondea la trascendencia), autores que condicionan parte de la obra de Robles y a quienes consagra alguno de sus libros.

Así, la poesía de Robles ha sido tildada de mística, plasmándola en depurados metros clásicos reiterando el cultivo del soneto, forma eminentemente académica en donde demuestra su virtuosismo. Pero no toda la poesía de Robles es así, distinguiendo dos corrientes más: la existencial, de ramalazos humanísticos y profanos en la década de los 80, como El hombre de la mosca en la frente (1983), Poemas del nodalomismo (1984), El laberinto (1985) o Semidiario de Flavio Sereno (1986) en donde Robles haciendo su verso más solidario e incorporando el uso de ritmos monologantes sintoniza con las ilusiones emergentes de una sociedad en transición política.

Estas dos líneas, mística y existencial por una parte, van a coexistir con su tercera línea de creación poética, la popular, en donde seguramente alcance sus más altas cotas de calidad, una categoría tanto en estilo como en contenido, caracterizada por la aparición de formas métricas propias que infunden luminosidad a su poesía, como es el romance, el villancico y las décimas (propias del carácter clásico de Robles), prodigada en sus colaboraciones en revistas, aunque aparecen en libros como Badajoz siempre (1982) y Badajoz también (1994), en las que hace un peculiar recorrido poético en el que recoge la armonía de una ciudad colorista y vivaracha sintiéndola hermanada con su Huelva natal.

Los últimos años de su vida sin embargo los dedica a componer libros culturalistas y un tanto herméticos, como Cántico universalDios escondido o Más leve que el aire (dedicado a San Pedro de Alcántara), es una poesía grave que lo aparta de la vertiente popular que venía cultivando, con los que la fortuna literaria ha decidido, como caprichosa que es, asociar a la figura y obra de Juan María Robles Febré que, como vemos, sí, es un poeta arraigado en el humanismo clásico, sin dejar por ello de ser un poeta plural.

(Información de https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Mar%C3%ADa_Robles_Febr%C3%A9)

ROSA

de Poemas de las dos orillas (1954)

Cuando despertó la Aurora

te prendió el sol en su hoguera

y arde, con luz hechicera,

tu sangre perfumadora.

Puesto que en tus venas mora

la más ardida ilusión,

rosal, hazme transfusión

de ese aroma que me salva.

Al alba, rosal, al alba,

sanarás mi corazón.

DÉCIMA(S) ROMERA(S) A LA VIRGEN DE BÓTOA

de Badajoz siempre (1982)

Qué liturgia natural,

Señora, hacen las encinas,

cuando por ellas caminas

con tu gracia virginal.

Alzamiento general

de brazos en oración

convierte al bosque en pasión,

que se enreda entre tu gasa

y que tiembla, cuando pasa

la luz de tu procesión.

EL HOMBRE DE LA MOSCA EN LA FRENTE

de El hombre de la mosca en la frente (1983)

Desde niño la tiene.

Como una herida negra, como una breve brecha

por la que ha entrado el rayo de las cosas oscuras.

Se le secó la mano

que espantaba la mosca de su frente.

Mano anillada de oro, rayado con los números

de una fecha o una clave. No sé. De un palomar

pienso que se trataba.

La mancha parda sigue.

Hoy se agarra a una arruga,

que ha hendido no sé quién por la cansada carne,

como ofreciendo un surco a esa mota enlutada,

semilla de la noche.

De una noche muy larga,

de una negrura intensa,

por la que tiembln tanto

unos ojos, un alma, una mano, un hombre.

REVERSO

de Poemas de “Nodalomismo” (1985)

RASGADA CAZADORA [sic]

allí mismo donde la medalla.

Lágrima navegando en la ceniza

del primer “Ducado”.

Estreno de consumación

y hombría.

Y bloque,

justo encima del pecho,

—ayer sudoroso en el gimnasio—.

Mejor llamar a la oquedad

anécdota.

FIDES

de Semidiario de Flavio Sereno (1986)

Confirmo que nací

del querer excluido.

Por qué, lo ignoro.

Dotado fui de cuerpo

y de espíritu,

pájaro que agoniza.

Confirmo que amé

lo inestable,

encerrado en la cal

de paredes geométricas…

Confirmo que no mermé a mi lengua

cuando decir quise.

Y nada más.

Que no vacilo ahora

que mi cálamo

se rompe.

CAFÉ

de Badajoz también (1988)

Y va pensando en la moto:

“No sé dónde está la raya,

nunca la vieron mis ojos.

¿Por qué quieren separarnos

a los unos de los otros?

Sabe a pólvora el café

que pasé sobre mis hombros”.

Acelerando la marcha

vuela, triste, hablando solo.

Dejó una bala clavado

en su corazón asombro.

“ODA A FRAY LUIS DE LEÓN”

de Dulcísima armonía (1991)

Serenos son tus ojos,

Luis, en el retrato contemplado.

Corrieron los despojos

—cual río desbocado—

de la envidia al mejor hombre envidiado.

[…]

A caminar invitas

a los hombres de luz siempre sedientos.

Tus estrofas son citas,

que leemos atentos

en las que descargamos descontentos.

[…]

Pacífico adalid,

sembrador de “dulcísima armonía”,

aunque en Valladolid

cedas en este día

a toda Inquisición celda vacía.

INTERCAMBIO

de Fuente que mana y corre (1991)

Homenaje a San Juan de la Cruz

Cada ala se rinde y deja el vuelo

para ceder la pluma más usada,

la que del corazón es arrancada

por los secretos revelar del cielo.

Gozo y desprendimiento de aquel suelo

siente Madre Teresa, ensimismada,

disfrutando por ver intercambiada

con la de Juan su pluma. En su pañuelo

toman nota las lágrimas del hecho.

Y llora el frailecico, al ver afines

ambas plumas, frenando las mareas.

que acaloran su rostro. Está deshecho

sintiendo que hasta Dios y sus confines

suben dos plumas como ardientes teas.

AZÚCAR DE CAÑA

de Alta mira de gaviotas.

En el V Centenario del Descubrimiento de América (1992)

Eran negreros cristianos

los que alzaron tus calvarios.

Hicieron de sus rosarios

cadenas para tus manos.

En los montes y en los llanos,

desde la aurora al ocaso

trabajabas. ¿Hubo, acaso,

ante tu dolor entraña?

Amarga azúcar de caña

ibas dejando a tu paso.

MIENTRAS EL ALBA LLEGA

de Mientras el alba llega. (1993)

Mientras el alba llega, duele el canto

De la espina que a pétalo aspiraba.

Persevera el otoño derl que estaba

Los silencios rompiendo. Mientras tanto,

Ha barajado naipes, gozo, llanto,

La noche que en el juego odominaba,

Un azul que en los dedos resbalaba

Como luz descielada. Como cuanto

Pedía amaneceres, codiciando

Poner con versos puentes al abismop,

Duermen en estas hojas desgajadas

Del árbol que, a la tierra regresando,

Redobla su dolor sobre sí mismo

Y busca las estrellas enterradas.

GITANOS

de ______________ [poemario] (año)

El enjambre de bronce su colmena

donde el sol anda suelta la construye.

Por los aires el cante se diluye

deshojando sus pétalos la pena.

Tostado en el desierto, te es ajena

la tierra donde moras, porque bulle

nostalgia por la samgre. Siempre huye

de estancado vivir tu piel morena.

Te sobra la frontera, prohibida

línea que ante tu paso el hombre traza.

Ancho tu corazón, todo lo olvida.

Tu mano de castaño al cielo alza

esa cruz de caoba que es tu vida

con el perdón callado de tu raza.


[1] Extremadura (Cáceres), 14-8-52.

Fotografía cabecera: Panorámica presa romana de Proserpina, Mérida